El cultivo de espinaca tiende al alza en Castilla y León

La espinaca no es cultivo mayoritario en Castilla y León, aunque su comportamiento mantiene una tendencia al alza. Así lo confirma David Turrado, agricultor y propietario de la empresa Agroturrado, que siembra actualmente la mitad de la espinaca para industria que se produce en la Comunidad, unas 300 hectáreas de las 600 del total regional, entre espinacas y acelgas. Desde la sociedad colaboran en el asesoramiento a los agricultores de este cultivo destinado a la congelación, actuando como enlace con el Grupo Virto, que es el que comercializa el producto.

Este mes comenzarán las nuevas siembras con el reto de llegar a las 700 hectáreas. El cultivo de espinaca está presente en las provincias de León, Valladolid, Ávila y Segovia, de la mano de cerca de 20 agricultores.

Se trata, eso sí, de un cultivo que exige de un “especial” cuidado, como apunta Turrado. De alguna forma se puede afirmar que precisa “mucha” profesionalidad y “gran precisión”. En este sentido, este agricultor y empresario vallisoletano recuerda que lo que se vende “es la hoja”, que es precisamente la parte que permanece más expuesta en el campo. Por eso recomienda trabajar de forma minuciosa para unir “calidad y cantidad”.

El cultivo de espinaca tiene un ciclo muy rápido, entre 50 y 70 días. Precisamente por este motivo, cualquier error es más difícil de subsanar. “No hay tiempo material”, aseveran.

La espinaca está en el campo unos dos meses y medio. La campaña se extiende desde febrero, hasta el diez de septiembre, con un parón en el que no se siembra entre mayo y julio, debido al calor. Su “rapidez” en el campo le confiere cierta versatilidad y ofrece distintas posibilidades de rotación en regadío al agricultor, lo que le convierte en una buena alternativa. Turrado destaca, en este sentido, que es “más rentable” que un cereal “si se hace bien el cultivo”.

Desde el punto de vista agronómico, el consejo que ofrecen desde Agroturrado es “ir siempre con la mentalidad de la prevención”. O lo que es lo mismo, no comenzar a actuar cuando ya se tiene encima el problema.

La espinaca no es cultivo mejorante, como ocurre con las leguminosas. Sin embargo, es una opción a tener en cuenta en el campo ya que permanece tan poco tiempo en las tierras que “tampoco las esquilma”.

Por otra parte, el 80% de los tratamientos que se aplican son ecológicos, según David, lo que permite ofrecer al consumidor un producto “muy sostenible”. En esta materia se vuelve a insistir en la importancia de la prevención.

La demanda nacional y de exportación está aumentando, y eso esta apuntalando el cultivo para espinaca de industria.

La de 2016 fue una “buena campaña”, a excepción de algunas zonas de la provincia de Ávila donde llovió mucho en la última etapa, lo que provocó que se quedaran espinacas en el campo. La media de producción se sitúa en las 24 toneladas por hectárea, aunque Turrado indica que una horquilla “realista” situaría estos datos entre las 18 y 26 toneladas en Castilla y León.

La superficie la marca la fábrica y la demanda, aunque el objetivo es crecer. David empezó con 12 hectáreas y ahora gestiona más de 300 de espinaca y acelgas, un incremento significativo. Siempre, teniendo en cuenta que es un cultivo muy expuesto y requiere tratamientos para evitar las malas hierbas totalmente. Es importante también la preparación del suelo y su nivelación al tratarse de un cultivo “bajo”, que se cosecha a ras de suelo.

La cosecha tiene ciertas singularidades. Para evitar las altas temperaturas se suele realizar por la noche. En seis horas la espinaca llega a la fábrica, y en dos horas más el produdto está procesado y congelado.

Fuente: diariodesoria.es

Author: Vivelafruta

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